«La fiesta de la Virgen es un llamado para que todos reflexionemos sobre lo que significa ser luz de Dios. Ella no es un objeto mágico; ella nos habla de una luz que todo lo puede cambiar si tenemos la voluntad de aceptarla», expresó durante la eucaristía, Monseñor Carrión Pavlich, quién invitó a los asistentes a reflexionar sobre los «contrastes entre luz y oscuridad» que atraviesa la sociedad puneña.
El momento más incisivo de la reflexión estuvo dirigido a las autoridades regionales y locales presentes en la ceremonia. El obispo instó a los líderes políticos a mirar la realidad de Puno con «mayor claridad» y a buscar soluciones basadas en el mensaje de paz y servicio.
La misa central no solo fue un despliegue de fe, sino también un espacio de interpelación. Mientras la ciudad se preparaban para los días de danza y color, las palabras del obispo quedaron resonando en la Plaza Mayor: un recordatorio de que la devoción a la Candelaria exige un compromiso real con la justicia social y el desarrollo de Puno.



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