Tras once días de una angustiante incertidumbre en familiares y ciudadanos, las gélidas aguas del lago Titicaca devolvieron finalmente el cuerpo de Renato Mamani Nina. El hallazgo se produjo la mañana del miercoles 25 de febrero en el embarcadero del sector Barco.. El cuerpo fue avistado flotando cerca de las siete de la mañana, provocando desgarradoras escenas de dolor entre sus allegados que se congregaron en el muelle para recibir sus restos.
Durante el operativo de búsqueda, la Marina de Guerra del Perú, bajo el mando del Capitán E. Gutiérrez, desplegó patrullas terrestres y unidades lacustres, intensificando los esfuerzos con buzos especializados para inspeccionar la ribera y las cercanías de los criaderos de trucha, ante la sospecha de que el cuerpo pudiera estar atrapado en las estructuras submarinas. Sin embargo, el testimonio de un buzo que participó en el rescate sugirió que la fuerte correntada del lago fue la que mantuvo el cuerpo en movimiento constante, alejándolo inicialmente del punto de inmersión. Este mismo rescatista descartó que el difunto estuviera atado a las algas o sumergido en fango profundo, explicando que la profundidad del lodo en la zona era baja.
Tras el rescate, el fiscal de turno se hizo presente para realizar el levantamiento del cadáver, indicando que, debido a la acción prolongada del agua, no era posible determinar signos visibles de violencia en ese momento. Por ello, dispuso el traslado de los restos hacia la ciudad de Juliaca para la necropsia de ley, señalando la preocupante falta de una morgue operativa en la ciudad de Puno para atender estos casos de manera inmediata.
El cierre de esta búsqueda no ha estado exento de los matices culturales que definen a la región. El rescatista relató que, ante la demora en el hallazgo, los familiares optaron por realizar un «pagachi» o pago ritual a la Mamacocha, siguiendo la arraigada creencia local de que el lago guarda con especial celo los cuerpos de los varones. Al margen de los informes técnicos y las diligencias legales, el caso de Renato Mamani Nina queda sellado por este velo de misticismo y tradiciones ancestrales, dejando una estela de misterio sobre lo que realmente ocurrió en las profundidades de aquellas aguas consideradas por muchos como un lugar encantado.



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